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El saludo motero

Una de las mayores satisfacciones que me sigo llevando cuando voy en moto es la de cruzarme con otras motos y recibir el saludo de los que la conducen, bien sea con una “V” marcada con los dedos o con unas ráfagas de luz larga, aunque esta segunda opción esté cada vez más en desuso por la posibilidad de que te pille la policía y te multe por hacer este tipo de señal, que según ellos quiere decir que estás advirtiendo a los que vienen de frente de la presencia de un posible control policial, sin tener en cuenta que lo que quieres hacer es saludar a un compañero, advertirle de que puede haber algún tipo de peligro un poco más adelante o cualquier otra cosa que no tenga nada que ver con la presencia policial.

Afortunadamente, aún nos dejan sacar la mano y hacer el saludo motero, bien sea con la mencionada “V” o con cualquier otro gesto que indique que disfrutamos de la misma pasión, que mantenemos ese punto de satisfacción cuando vamos en moto y nos apetece compartirlo con los demás. También nos gusta dar a entender que estamos dispuestos a echar una mano si fuese necesario, que un motero en carretera siempre encontrará el apoyo de otro que le vea en apuros. Y eso es importante y agradable cuando ruedas en solitario.

Evidentemente, estos saludos y muestras de compañerismo se dan cuando rodamos en carretera abierta, cuando existe la posibilidad de verte en un momento dado con algún problema en solitario y cuando necesitas sentir el apoyo de los que comparten tu misma afición, porque cuando estás circulando por la ciudad, donde cada vez hay más motos que sustituyen a coches (afortunadamente), sería imposible saludar a todas las motos con las que te cruzas. Habría que llevar una mano mecánica para poder corresponder a todos los motoristas. Pero igualmente, incluso circulando rodeado de motos y todo tipo de vehículos, entre moteros sigue existiendo esa complicidad de apoyo que nunca te dejará solo ante una avería, un accidente o cualquier tipo de fatalidad que puedas sufrir.

Ir en moto es mucho más que trasladarse de un lugar a otro de la forma más eficaz, es compartir una afición con una gran comunidad de usuarios que viven la camaradería de forma especial y que lo demuestran incluso cuando no van montados en su moto. Porque, y esto es así, uno es motero hasta cuando va andando.

“Uves” para todos.

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El prólogo del Red Bull Romaniacs

El Red Bull Romaniacs es conocido como la competición de hard enduro más enrevesada y exigente del mundo. Y no faltan motivos para ello. Se disputa en el corazón de las montañas de los Cárpatos, alrededor de la ciudad rumana de Sibiu y durante sus cinco jornadas congrega a los mejores pilotos de hard enduro, que se enfrentan a uno de los terrenos más complicados que jamás verán en su carrera deportiva. Llegar a la línea de meta final ya es una hazaña de por sí. Y ahora conocerás el porqué, desgranado en cinco motivos.
1. El prólogo

Antes de que te franqueen el paso para lanzarte a subir montañas, es obligatorio participar en el Prólogo, que se celebra en la ciudad de Sibiu. Esta carrera se caracteriza por la ingente cantidad de obstáculos de madera, las barreras de neumáticos y los zigzags que plagan el centro de la villa. ¡Para volverse locos! Además, estamos en la fase inicial, cuando todos los inscritos en el Red Bull Romaniacs se mueren de ganas por abrir gas y darle caña a la moto, así que con esos dos ingredientes, el caos está garantizado.
2. Horarios maratonianos

Las jornadas de competición son extenuantes, con madrugones de aúpa, muchas horas de moto y noches más bien cortitas. Todas las mañanas se toca diana a las 6 de la mañana, para subirse a la moto y pasarse unas seis o siete horitas con el culete pegado al sillín. También hay que contar los trabajillos de reparación y puesta a punto tras llegar a la meta, imprescindibles para tener la maquinaria lista de cara al día siguiente. Para dormir no suele quedar mucho tiempo, la verdad. De esta forma, la fatiga no tarda en aparecer y se va acumulando, así que es necesaria una buena forma física y resistencia si quieres alcanzar la bandera a cuadros tras cuatro días de tortura por la naturaleza rumana.

3. Navegación

Para terminar el primero, en primer lugar tienes que encontrar la senda que te lleve a la meta. La navegación es una de las claves del Red Bull Romaniacs y los competidores utilizan sistemas GPS en todas las etapas de la prueba. Cierto es que el recorrido está bien balizado con flechas y señales hechas con cinta adhesiva, pero aún así se recurre al GPS por seguridad. Pensemos en el caso de Jonny Walker en 2013, cuando el británico se pasó un buen rato de la primera jornada en campo abierto rebuscando en el lodo para ver si encontraba el aparatito: se le había desprendido de la moto en una caída.
4. El tiempo

En Rumanía, la lluvia no se anda con chiquitas. Y el sol, tampoco: cuando llueve, caen chuzos de punta, cuando brilla el sol, te tuestas como un cochinillo. En suma: los factores meteorológicos pueden ser igual de extremos que la carrera. Por desgracia, este año el verano rumano no se presenta excesivamente benévolo y los pronósticos anuncian inestabilidad. Vaya, todo apunta a un Red Bull Romaniacs 2014 muy apto para los guerreros del barro.

5. El fiestón tras la línea de meta

Enhorabuena: has sobrevivido al prólogo, has doblegado a las inexpugnables montañas y has alcanzado la meta del hard enduro más bestia del mundo. Pues ahora te toca enfrentarte a la mítica Red Bull Romaniacs After Party. Al finalizar la competición, los participantes se dedican a descargar tensiones: competiciones de bebida, competiciones de quemar goma… aquí vale todo. Se trata del último examen a la resistencia y ningún competidor querría quedarse atrás. Lógico, ¿o no?

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