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Casas Colgadas de Cuenca

Su ubicación espectacular asomándose al abismo en la hoz del río Huécar ha hecho a estas casas ganarse una merecida fama en toda España. Las tres de la imagen son lo que pervive de un conjunto que era mucho mayor. Representadas hasta en botellas de licor, en la actualidad albergan, entre otras cosas, el interesante Museo de Arte Abstracto Español

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Los pensamientos negativos afectan a las neuronas.

No mucho se ha escrito sobre este nuevo problema del Siglo XXI: La incidencia de los pensamientos negativos sobre nuestra “red neuronal”. En 2008, un brillante artículo elaborado por la Profesora María del Carmen Navarro Maldonado, para la Universidad de México, exponía las bases de lo que ella denominaba “peste de las neuronas”, analizando la incidencia de los pensamientos negativos en el marco de conceptos abstractos que podrían materializarse.

La cuestión reviste especial interés, ya que en los últimos tiempos la presencia del pensamiento creativo parece estar relacionada con la salud, mientras que la presencia del pensamiento negativo se asocia con la enfermedad, y a nivel biofísico, existen evidencias empíricas que apuntan a ello, tal y como expone la profesora Navarro.

Citando igualmente a Perkins , 1984, hallamos que el pensamiento creativo se asocia a la materialización de realidades que ” a priori”, suponen la estructuración de ideas que hallan su contrapartida en una satisfacción que actúa como retribución en sí misma. Esta retribución creativa obedece a una necesidad del ser humano de integración con el “Universo Inteligente”, hasta el punto que genera reacciones biofísicas placenteras, ya que va orientada a la generación de un “bienestar colectivo”.

Si atendemos a los avances que han reportado bienestar y avance en nuestra historia, el impulso de las mentes creativas, ha permitido el disfrute colectivo de los avances que actualmente gozamos en nuestras modernas sociedades de bienestar. La cuestión fundamental que aborda la profesora Navarro es la relativa la incidencia de nuestros pensamientos en nuestras vidas.

La respuesta es sin duda positiva. Nuestros pensamientos están correlacionados con nuestra vida de entorno, hasta el punto que pueden condicionar nuestra salud o nuestra enfermedad. Cuando habla de “peste de las neuronas” habla expresamente de auellos estados en los que la ira, el miedo y el pensamiento negativo conducen a situaciones energéticamente adversas a nivel biofísico.

Y efectivamente, tal y como cita Ernest Holmes en su libro (La ciencia de la Mente) 1998, te conviertes en aquello que piensas que eres y crees “ser”. La peste de las neuronas, proviene de la creencia en el caos, ya que dicha creencia genera una serie de reacciones autodestructivas en cadena, que pueden devenir y de hecho devienen en una materialización de ese pensamiento continuo.

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Lápiz labial de polvo estelar: "Mapa de las estrellas" (David Cronenberg, 2014)

La cita de Aleister Crowley, “Cada hombre y cada mujer es una estrella”, aparece como epígrafe del libro Hollywood Babilonia, escrito por Kenneth Anger, quien era ferviente admirador del mago negro que se hacía llamar “la bestia 666”. En el mencionado libro, el enigmático Anger hace un recuento de extravagantes historias ocurridas en los inicios de Hollywood y presumidamente verídicas, que conjugan el misticismo y la vulgaridad. Anger encuentra amenas coincidencias con ancestrales rituales, y correspondencias entre las estrellas hollywoodenses y deidades antiguas.

polvo-estrellas-julianne-moore-mia-wasikowskaEn Mapa de las estrellas (David Cronenberg, 2014), Cronenberg hace un proceso contrario; se dedica a retratar el vacío del lote trasero de Hollywood, que en realidad es su esencia, revelando indirectamente, cómo en la fábrica de los sueños vende únicamente aire; conceptos que flotan en un tiempo y un espacio inexistente. Los personajes que deambulan de forma sonámbula por la pantalla representan el corazón de la meca del cine. Un exitoso escritor de novelas de superación personal, Dr. Stafford Weiss (John Cusack), quien está casado con Christina (Olivia Williams), que a su vez es la agente y manager del pequeño Benjie (Evan Bird), un millonario niño actor, que se encuentra al centro de la trama, además de ser su madre. Todos ellos son sombras sin cuerpo, que buscan recuperar algo que nunca han tenido. Por otro lado se ubica Havana Segrand (Julianne Moore), quien después de comer lunch con su representante, participa con naturalidad con él en una pequeña orgía para tener más oportunidad de quedarse con el papel de la película que busca, entre Xanax y Prozac; parece una conducta habitual.

Screen-Shot-2014-09-26-at-4.38.35-PMMapa de las estrellas es una “soap opera” que más tendría que ver con un infomercial del infierno que con un drama nominado al Oscar de la Academia. En este sentido, la actuación de Olivia Williams como Christina Weiss estaría desentonando con la demás farsa magníficamente articulada, porque es una de las mejores actuaciones que cualquier actor ha realizado en cualquier película, de manera realista, en lo que va del año. Christina le da sentido a esta pequeña sociedad que, enloquecida con un sistema económico, o más bien representándolo y comunicándolo a todo el mundo, se compone de representaciones simuladas, que “en vivo y en directo” no pueden dar más resultados que la aberración que es Benjie. El niño actor entrando a la pubertad es, a su corta edad, un adicto en recuperación, ingiriendo bebidas energéticas como si se tratase de jugos frutales a lo largo de su día, y para quien no existe quien le ponga límites.

map3La trama se desata con el regreso de la hermana perdida de Benjie, Agatha Weiss (Mia Wasikowska), relegada hasta entonces en un sanatorio mental y expulsada del núcleo familiar, por llamarle de algún modo. Agatha prendió fuego a su casa durante la ausencia paterna, intentando matar a su hermano menor durante un ritual de matrimonio galáctico, evocando un fuego redentor que los volvería estrellas. Es aquí donde hay un déjà vu de la obra de Kenneth Anger: la consciencia de esta niña es ancestral o hay enormes espíritus de culturas antiguas animando a la fauna que puebla Hollywood bajo otra perspectiva.

Agatha ha iniciado trabajando como niñera en casa de Havana, para lograr estar cerca de Benjie, a quien se le ha prohibido (por sus padres) volver a verla. Para el caprichosamente violento niño astro, Agatha es un mito que únicamente recuerda entre sueños. Recientemente Benjie es visitado por fantasmas, indicándole el mal augurio, el fantasma de una niña muerta por una enfermedad que la tuvo convaleciente en un hospital, y que los agentes de Benjie utilizaban para darle promoción sentimental como figura pública al pequeño Benjie.

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Christina vive hacia dentro, en un estrés perpetuo, todo lo que no puede hacer y lo que no puede ser, los mismos valores que su marido representa con su discurso falso. La existencia de los padres como pareja constituye una convivencia muy forzada, con tintes de enfermedad mental aguda, una simulación eterna que sólo puede encontrar un contrapeso en las acciones de Agatha y la manera como se asoma la amenaza del ritual antiguo, apareciendo lentamente como un sol en el horizonte, al amanecer; el terror que representa la necesidad humana inconsciente y ancestral que rebasa a todos.

scena-drammatica-con-mia-wasikowskaUn mapa de las estrellas es una guía que los turistas siguen para visitar las casas de los famosos, pero también puede verse como una guía de las constelaciones en el cielo nocturno, que están formadas por un grupo de estrellas con cierta forma que les da su nombre. Agatha, con sus extremidades cubiertas por elegantes guantes negros, cubriendo las cicatrices provocadas por el fuego de su ritual cancelado, es la inteligencia que viene a cerrar la constelación, a darle un sentido. El guión de Bruce Wagner, quien asombrosamente no es guionista, le brinda a Cronenberg un puente a una expresión madura, llena de escenas ricas en expresividad de otra índole que visual: la riqueza no se halla en lo que vemos sino en lo que no vemos, el reflejo de lo que ya sucedió o lo que se sucede en una forma que nunca es obvia. La manera de resolver del director es lejana a lo que era la propuesta de Extraños placeres (Cronenberg, 1996), por mencionar una cinta que, de forma muy estilizada, comunicaba un discurso en apariencia similar, con movimientos de cámara complicados, de objetivos largos, y una iluminación que formaba atmósferas abstractas. Y queda más claro aún esto al haber contando con el mismo director de fotografía, Peter Suschitzky. En la puesta en cámara de Mapa de las estrellas se ve todo en un high key casi vulgar, y es demasiado estática en sus planos sin movimiento. Esa estasis podría representar la podredumbre malsana de la punta superior del orden, y la composición televisiva añeja la misma corrupción de sistema que es caduco. Una puesta en cámara que desnuda a los personajes en su vacío sin sentido.

Esta cinta podría ser vista como un magnífico mapa para que un gran estilista cinematográfico contemporáneo, que ha ido elaborando un estilo particular en toda una carrera fílmica de varias décadas, pueda inaugurar una nueva etapa fílmica. Cronenberg demuestra su oficio en lo sutil de una aparente sencillez sobretrabajada, hasta llegar a construir perfectamente la cuna del simulacro que va dejando vacío al mundo que habitamos.

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Eres el lugar donde vives (cómo el ambiente moldea tu mente)

Todos sabemos que el lugar y el ambiente en donde vivimos tienen una influencia en cómo somos, pero difícilmente dimensionamos hasta qué punto. Creemos generalmente que el lugar es siempre una cosa externa que no opera cambios en nuestra psique, pero quizás lo contrario es verdad. Creemos que somos autónomos y la conducta de los demás no nos afecta de manera sustancial, pero pocos realmente lo somos. El lugar (con todo su ecosistema y red de relaciones) en la vida cotidiana se experimenta como un estado mental o un sistema operativo.

Donde estamos transforma cómo somos, argumenta Adam Alter en el New York Times. Existen numerosos estudios que nos pueden ayudar a entender hasta qué punto está abierta una membrana de influencias psicoculturales entre una persona, sus vecinos (las ideas que pululan) y el lugar en el que habita.

Un grupo de investigadores hizo un experimento tirando cartas con un sello postal listas para ser enviadas en dormitorios universitarios. Los investigadores descubrieron que en los dormitorios de mayor densidad de alumnos sólo cerca del 60% de las misivas lograban llegar a su destino (el porcentaje fue mucho mayor en dormitorios donde se habitaba de manera más holgada); su hipótesis es que el vivir en un ambiente relativamente hacinado los hacía desconectarse de sus compañeros. Posteriormente, los investigadores preguntaron a otro grupo de alumnos cómo habrían respondido en la misma situación: el 95% dijo que habría llevado la carta al buzón postal sin importan el lugar donde vivía–esto es evidentemente un ejercicio imaginario, ya que, como veremos, difícilmente podemos actuar “sin importar el lugar donde vivimos”.

Dos experimentos con los sorpresivos poderes de la luz azul nos pueden ilustrar más al respecto. En el año 2000 contratistas instalaron una serie de luces azules en diferentes puntos de la ciudad de Glasgow. La intención era hacer que ciertos distritos lucieran más atractivos; después de unos meses el ayuntamiento notó una tendencia interesante: el índice de crimen había declinado en los lugares que habían sido bañados en azul. Esto al parecer debido a que las luces mimetizaban las luces azules características de las patrullas de policía en buena parte del mundo. La luz azul, sin embargo, tiene otras cualidades.

En el 2005 la prefectura de Nara, en Japón, instaló luces azules siguiendo la misma línea de evitar el crimen en zonas peligrosas. Si bien los resultados fueron los esperados y el crimen declinó, autoridades japonesas descubrieron un efecto inadvertido a partir de la fotoestimulación: disminuyó la cantidad de basura en la calle y el índice de suicidios en estaciones y sitios que eran utilizados por personas para quitarse la vida. Al parecer la luz azul tiene una serie de propiedades calmantes, que tal vez tengan que ver en que este color es el que más eligen las personas como su favorito. (Otros estudios han mostrado que una pantalla azul de computadora asiste en la solución de problemas matemáticos o que pacientes prefieren ser tratados por enfermeras vestidas de azul). Podemos hablar también de ambientes –jugando a una eco-sinestesia– azules o verdes y rojos, que influyen en nuestra psicología.

Existen diferentes formas en las que el lugar en el que estamos presiona nuestras conductas. Un grupo de psicólogos de la Universidad de Newcastle halló que trabajadores de una universidad tendían a pagar más su café o té cuando el sistema de recolección de pago voluntario era una caja que estaba acompañada de la imagen de un par de ojos que cuando había una imagen de unas flores. Los investigadores alternaron esta “caja de la honestidad” con ojos de hombres y mujeres o flores y siempre hubo más pagos bajo la metáfora de los ojos vigilantes.

Un estudio de la década de los 70, sugiere que las personas hacen menos trampa resolviendo un examen cuando son colocados frente a un espejo, lo que se conoce como el efecto de la autoconciencia en la conducta anti-normativa.

Un efecto inverso parece propagarse cuando el medio ambiente envía señales de descuido y poca vigilancia. Estudios sugieren que las ventanas rotas generan más crimen en zonas donde éstas abundan. Lo mismo ocurre con la basura en la calle: entre más basura existe en la calle no sólo las personas menos tiran la basura en los lugares apropiados, sino que también esto parece fomentar el crimen en la zona. De nuevo es como si hubiera un efecto psicogeográfico y el caos o desorden del espacio físico en el que nos movemos se convierte en el espacio mental que detona respuestas como el crimen.

En un experimento bastante revelador, un grupo de investigadores colocó una serie de fliers de papel en 139 automóviles en el estacionamiento de un hospital y observó que hacían los dueños de los mismos. Cuando los dueños salían del hospital para encontrarse con el estacionamiento llenó de fliers y envolturas de dulces tiradas en el piso, cerca de la mitad tomó el flier de su auto y lo arrojó al piso. Mientras que cuando el suelo estaba limpio, sólo 1 de 10 personas tiraron el flier al piso.

Adam Alter concluye:

Estos estudios muestran algo profundo, y tal vez un poco perturbador, sobre qué es lo que nos hace quiénes somos: no existe una versión única de “tú” y “yo”. Aunque todos estamos anclados en nuestras distintas personalidades, las señales contextuales muchas veces nos llevan lejos de esas anclas y es difícil saber quién somos en realidad –o al menos qué es lo que haremos en ciertas circunstancias.

16GRAYMATTER-popupPodemos pensar que nosotros sí tenemos un poder de voluntad que evita que nos arrastre la multitud o el ambiente; pero las señales y la influencia del entorno en el que vivimos son innumerables y demasiado sutiles. Así la construcción del ser debe de concebirse de una manera dinámica, constantemente cambiando según el cariz del momento (el tiempo como propiedad continua del espacio). Vivir entre árboles, entre personas que tienen perros, en zonas donde existen muchos bares, en medio de arquitectura que tiende más hacia formas curvas, etc., todo esto influye de manera importante en cómo nos comportamos en ciertas situaciones, en qué pensamos y hasta en nuestra salud. Hasta tal punto el lugar cincela nuestra forma de ser que hablamos de cosas tan abstractas –y abominables– como la conciencia de un país o la idiosincracia (algo como la patria: el paternalismo conductivista). Y aunque no podemos pensar que el país donde nacimos nos define, si podemos conjeturar la existencia de egregors o meta-entidades como la argentinidad o la mexicaneidad, de las cuales participamos en menor o mayor grado.

La epigenética, la rama de la biología que estudia los cambios genéticos producidos por el medio ambiente y las relaciones humanas (como el trauma), deja claro que el lugar (todo el clima físico y mental) en el que habitamos puede hacer que se expresen (o no) ciertos genes. Así muchas de las enfermedades que podemos padecer en la vejez son el resultado de los lugares (en toda su extensión) en los que vivimos de niños.

De manera más amplia todos vivimos en el mismo lugar. Como anticipó Marshall Mcluhan en su visión de la aldea global, la sociedad digital tiene mucho de la sociedad tribal, en la que todos estamos en un estado de cambio constante, cada uno de nosotros afectando a a todos los demás, sin verdadera privacidad. Compartir el mismo espacio mediático es compartir el mismo espacio mental (“la cultura es nuestro sistema operativo”, decía Terence Mckenna). Evidentemente no actuamos exactamente igual en las mismas situaciones, pero una persona que pudiera tener una perspectiva de cientos, tal vez miles de años, se sorprendería ante la uniformidad de nuestra sociedad. La mayoría de las personas del mundo viste con más o menos la misma ropa (jeans, t-shirts, las mismas marcas, etc), utiliza los mismos aparatos de teléfono, televisión, transporte, etc., ve las mismas películas y programas (y por lo tanto el contenido de su pensamiento y de sus sueños es algo similar). (Un estudio mostró que un incremento en películas sobre OVNIs y extraterrestres en la cartelera incrementó el número de avistamientos entre ciudadanos británicos). Ante una situación como las presentadas en los estudios científicos que hemos discutido, la mayoría de nosotros actuaría de la misma forma –cediendo ante el dictamen del lugar. Ese lugar está en todas partes y somos todos nosotros. La reflexión va dirigida hacia la posibilidad de visitar y habitar otros lugares psicofísicos en los que las reacciones puedan surgir a contracorriente, con irreverente espontaneidad, aunque por momentos puedan ser absurdas. Operar también desde ahí, en los espacios liminales, márgenes del camposanto cultural y filtrarnos hacia las zonas que aún no han sido patentadas de la conducta y la conciencia humana.

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El consumismo te esclaviza con la promesa de ser feliz

Desde hace décadas el aparato mediático cerró filas para promover un estilo de vida basado en una simple actividad: consumir. Aparentemente la élite percibió en el consumo al mejor aliado de un sistema financiero que venía gestándose desde el Renacimiento y que consagró su desarrollo con el surgimiento de las grandes corporaciones.

Analizando, incluso superficialmente, este mecanismo al cual se nos incentiva cotidianamente a través de distintas vías, es relativamente fácil percatarse que utiliza, como máximo estimulante, una promesa: la felicidad. Al asociar el acto de consumir con la posibilidad de que seas feliz, millones de personas se vuelcan a perseguir ese estado abstracto, históricamente codiciado, que representa ser feliz.

Pero dentro de la dinámica del consumo la felicidad es algo que jamás se alcanzara, pues haciendo honor a la épica canción de los Rolling Stones, “I can’t get no satisfaction”, se trata de un modelo explícitamente construido para evitar que llegues a tu fin y, en cambio, vivas atrapado en un proceso simulado de búsqueda de felicidad. Pero ser esclavo de este espejismo no es la única consecuencia de volcarte a consumir. También existen otros efectos como la pérdida de identidad, la alienación e incluso la pérdida de una autoestima genuina.

Y es que a fin de cuentas el problema de raíz, que origina las consecuencias recién mencionadas, se debe a que una persona deposita su identidad (esto es, su capacidad de diferenciación con respecto a la otredad) alrededor de los artículos y productos que compra. Paralelamente se olvida de buscar respuestas en su interior, desestima por completo el auto-conocimiento y comienza a asociar íntimamente su valor como individuo a aquellos objetos que posee. Y es precisamente por estas características psicosociales que el consumismo termina por ser una eficiente prisión para millones de personas.

A pesar de que el consumismo es un estilo de vida que ya estas alturas pudiese considerarse añejo, lo cierto es que con el paso del tiempo hemos sido testigos de manifestaciones cada vez más patológicas en torno a este fenómeno. Desde iglesias adquiridas para transformarlas en centros comerciales (con el peso simbólico que lleva implícita esta acción) o personas que venden sus propios órganos para adquirir el gadget de moda, hasta estudios que confirman que ciertas marcas activan la misma región neurológica en algunas personas que la detonada por principios religiosos.

Pero si bien estamos parados en el clímax del consumismo, también podríamos hablar de que, tal vez, estamos también viviendo el apogeo de una conciencia que eventualmente pudiese obligar a un rediseño de la actual filosofía de vida, algo que inevitablemente terminaría por impulsar un replanteamiento de las estructuras económica, cultural y, por qué no, psicosocial.

Esta conciencia ha encarnado en diversos movimientos que intentan hacer frente a la inercia masiva, sagazmente manipulada, que envuelve a la mayoría de la población. Hace unos días se habló en Pijama Surf de un movimiento global conocido como los Freegans, el cual, si bien fue tejiéndose desde principios de los setentas, en realidad no llegó a consumarse como tal hasta hace poco menos de veinte años. Sus miembros, además de ser veganos, una estricta corriente vegetariana, promueven la recolección de deshechos aún aprovechables (recordemos que uno de los axiomas del consumismo es desechar prontamente para sustituir el producto por uno nuevo).

Los Freegans han declarado una guerra frontal al comercio convencional y en especial a ciertos anti-valores que sostienen el actual sistema como la avaricia, la frivolidad y el materialismo. A cambio enarbolan como bandera la promoción de la generosidad, la libertad y la cooperación.

Otro movimiento interesante de reciente creación es el llamado “Decrecimiento”. Esta corriente propone la disminución del consumo y la producción controlada, teniendo como premisa el respeto al medio ambiente, a la coexistencia de ecosistemas y al ser humano. Como su nombre lo indica, el Decrecimiento condena la máxima que rige el actual sistema financiero, es decir, el crecimiento económico a toda costa. Vale la pena enfatizar en que, según ha sido probado, el hecho de que un país crezca económicamente pocas veces se traduce en una mayor calidad de vida para sus habitantes.

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La guitarra de Paco de Lucía suena a grafiti.

Un mural de 300 metros cuadrados evoca al artista en la estación a la que dará nombre.

La presencia de Paco de Lucía en la futura estación de metro a la que dará nombre no terminará cuando la megafonía avise a los viajeros del destino. Su rostro, representado con un arcoíris de colores y formas geométricas, alcaza la omnipresencia en un mural de 300 metros cuadrados que decorará los vestíbulos del suburbano. Okuda y Rosh333, los artistas urbanos encargados del proyecto, ultiman los interiores de la parada que cerrará la línea 9, junto a Mirasierra, en la primavera de 2015.

“El espacio es increíble, hay mucho campo para verlo desde atrás. Es la típica estación con escaleras a los dos lados y el mural se ve nada más entrar”, cuentan los artistas, que comenzaron a trabajar el lunes y preveían terminar hoy. La obra, que se titulará Entre dos universos como homenaje a Entre dos aguas, su canción más emblemática, mezcla lo abstracto de Rosh con lo geométrico de Okuda. “Hemos intentado evocar un universo de verdad con estrellas y esferas que representan a planetas. Los ojos de Paco son universos que tienden al infinito”.

Trabajar en el suburbano, lejos del sol y la lluvia, aporta mayor longevidad a la obra. “Como venimos del grafiti, que surgió en el metro de Nueva York, es una experiencia muy especial para nosotros”. El presidente de la Comunidad, Ignacio González, visitó la zona el miércoles junto a Lucía Sánchez, hija del artista. “El mejor reconocimiento que podían hacernos es que ella nos dijera que habíamos captado muy bien su gesto”.

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