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Dime lo que comes y te diré qué cara tienes.

Dime lo que comes y te diré qué cara tienes.

Tienes el rostro hinchado, el tono macilento y las arrugas te ganan la batalla. Lo achacas al estrés, a que duermes poco y mal, a que tu tratamiento antiedad no funciona. Tal vez sea así. O puede que estés comiendo indebidamente y tu cara te lo ande recordando cada vez que te miras al espejo. No es por fastidiar ese snack salado que tan bien sienta a media mañana ni por arruinar las últimas barbacoas camperas antes de que se eche encima el invierno. Pero lo que comes en exceso, te pasa factura. Y salta a la vista.

Sal en exceso

Este mineral realza el sabor de los alimentos y algunos manjares (las patatas fritas, sin ir más lejos) no son imaginables sin ser generosos con el salero. “Pero los riñones solo logran eliminar unos 5 gramos de sal al día. Cuando se consume más de esta cantidad, el organismo es incapaz de eliminarla ni con la orina ni con el sudor”, explica Liliana Velásquez, nutricionista de los Centros de Medicina Estética Cristina Álvarez. Si se dejara la sal circulando sin control por la sangre, acabaría acidificándola. Para evitar esos daños, el organismo saca sus reservas de agua y la almacena aquí y allá, en órganos y tejidos. “Es el edema o hinchazón. Puede suceder en piernas, tobillos o en los párpados”. El desastre a nivel del rostro no se limita a esas antiestéticas bolsas que dejan una triste mirada de perro pachón. “También puede dar sequedad en los ojos y en la piel, lo que acaba traduciéndose en las temidas arrugas. Además, la sal seca el cuero cabelludo y puede ocasionar caída del cabello”. Tal vez ahora mires con reparos el salero. Pero el azucarero no es mucho mejor.

Magdalenas de la abuela en exceso

Ser apóstol del ‘yo no tomo azúcar con el café’ no exime de los daños de ese dulce elemento. Sobre todo si en el menú abundan los hidratos de carbono de alto índice glucémico (siropes, bollería, harinas de trigo…). “Y esto incluye los bizcochos caseros y otros dulces de la abuela bien cargados de azúcar. Provocan picos de glucosa en sangre que endurecen las proteínas de la piel. Unas células menos elásticas acaban traduciéndose en arrugas”, explica la especialista en Dermocosmética y directora de Cosmeceutical Center, Inmaculada Canterla. Para los golosos irredentos, Velásquez apunta un sencillo remedio: “Comer más fibra evita que nuestro cuerpo absorba tanta azúcar. Y sustituir los azúcares procesados por la fruta, que también lleva azúcares pero de bajo índice glucémico”.

Edulcorantes artificiales en exceso

A veces el remedio es peor que la enfermedad. Si con ellos se busca no engordar, puede que mantengan la línea en la cintura pero se descontrolen los contornos faciales. “Los edulcorantes artificiales como el aspartamo o la sacarina acarrean rojez facial, picazón, inflamación de los párpados e, incluso, hinchazón general de la cara”, advierte la doctora Josefina Royo de la Torre, subdirectora de Instituto Médico Láser. Quienes tengan tendencia a moquear, tal vez deberían dejar de echarle la culpa a algún resfriado mal curado y mantenerse lejos de estos endulzantes: “Pueden ocasionar congestión nasal, nariz taponada y enrojecida. Es más frecuente de lo que se reconoce”, señala Royo. Ante un achuchón irreprimible de dulce, mejor echar mano de miel o de estevia.

Carnes rojas en exceso

La leyenda urbana dice que quienes comen carnes rojas son más violentos. Tal vez sea cierto si vives en Juego de Tronos. En la vida real, lo que sí se confirma es que “las carnes animales contienen cada vez más porcentaje de grasa saturada debido a su alimentación y a su vida en granjas. Eso puede repercutir en desequilibrios hormonales que conducen al acné y a la inflamación demuestra piel”, explica Velásquez. La carnitina de las carnes rojas además provoca un endurecimiento de los vasos sanguíneos. Y vuelta a la cantinela de siempre: la sangre llega peor a la piel, las células se regeneran mal y ya tenemos el campo abonado para las líneas de expresión.

Lácteos en exceso

No se trata de armar una cruzada contra la leche pero “su consumo puede verse relacionado con la aparición de problemas en la piel por el exceso de estrógenos”, indica Velasquez.

Pescados

No todo son malas noticias. Una dieta donde abunden los pescados aporta gran cantidad de proteínas buenas. “Y eso se nota en la cara. No en un día ni en tres, pero sí en una dieta habitual. La piel está jugosa porque son proteínas que ayudan a la síntesis del colágeno”, recuerda Canterla.

Fritos y preparados industriales

Están ricos, son apetecibles y fáciles de tomar. Pero además de una bomba calórica, las grasas saturadas y el omnipresente aceite de palma (presente en muchos snacks de supermercado) debilitan el metabolismo y causan problemas circulatorios. Una vez más, mala circulación de la sangre, piel mal oxigenada y mala cara.

Picantes en exceso

El rubor cuando se tomas una guindilla no es casual. Los picantes rompen los pequeños capilares. Si hay tendencia cuperosis o rosácea, mejor evitarlos.

Embutidos

Letales para personas con piel con tendencia a grasa ya que ayudan a dilatar los poros y “favorecen la aparición de acné. También pueden conllevar otros rasgos propios de la obesidad como rubicundez, cara de luna llena o doble mentón”, recuerda Royo.

Beber poca agua

A veces la razón de tener un rostro deshidratado es tan simple como que no se bebe lo suficiente. Puestos a elegir, el cuerpo opta por enviar el poco líquido que recibe a procesos vitales para el organismo. Y evitar las arrugas no se encuentra en esa hoja de ruta prioritaria.

Alcohol en exceso

Una copa de vino al día es saludable desde un punto de vista cardiovascular. Un reciente estudio comandado por María Mascaraque en la Universidad Complutense apunta a que un consumo moderado de cerveza tiene efectos antioxidantes. Pero pasarse de la raya es devastador. “El alcohol se relaciona con el agotamiento de la vitamina A, responsable de la regeneración del cabello, la piel y las uñas. Si falta esa vitamina, se desacelera la producción de colágeno y elastina. Y, a la larga, esto se traduce en pérdida de flexibilidad, luminosidad, hidratación y espesor de la piel”, apunta la doctora Electa Navarrete, nutricionista de Eternal Beauty Clinic. La lista de daños no acaba aquí. “Una piel más fina hace que los capilares sean más visibles. Pero es que además el alcohol provoca la rotura de pequeños capilares. Es ese enrojecimiento facial tan característico de la embriaguez”. Si el empinamiento de codo es habitual los capilares acaban dilatándose de forma permanente y, con ellos, las rojeces toman visado de residencia permanente.

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