Yo quiero ser un runner

Yo quiero ser un runner

El sábado me compré dos camisetas técnicas para correr Dry-Fit, de Nike. Ya sólo por el nombre la predisposición para hacer deporte es total. Por un poco más de lo que cuestan las de algodón, la técnica te permite correr y molar a la vez, todo junto. Eso sí, de correr más o de ganar resistencia, nada de nada, claro. Pero el tema que ya tendría que inquietaros es que la semana pasada me compré también un reloj Garmin Forerunner 310NX por 400 dólares. Un aparato que mide la distancia, la posición GPS, la velocidad, el ritmo, la frecuencia cardíaca; que me permite hacer series porque me pita cuando he de empezar y pita cuando he de parar, que pita si me paso de la velocidad fijada o voy muy lento, que pita mucho; que tiene altímetro, que es sumergible 50 metros —nadando no bajas de medio metro, pero adelante!; que tiene autonomía de 20 horas, que tiene una megapantalla y muchos botoncitos, que tiene bike-mode, run-mode, swim-mode, training-mode y backhome-mode, que es cuadrado, que es muy grande y naranja, y que soy imbécil.

Le tengo el pie al cuello a ser imbécil.

Yo no he querido ser nunca un chico que corre normal: yo quiero ser un runner. Cuando corría normal no sentía nada, ahora que voy de runner me siento el latido del corazón. Agárrate. Cuando corría normal saludaba a los otros corredores que me encontraba por el parque; ahora ya no me hace falta, porque los runners tenemos una misión y no podemos perder el tiempo. Cuando corría normal, con aquellas camisetillas, las nenas runner no me hacían ni caso, claro; ahora, con la pinta de atleta que haré, tengo la sensación que las nenas tendrán que ir a su casa a cambiarse las mallas a medio entrenamiento, porque la sandía les va a chorrear tanto, al verme, emanará tal chorro, que esto va a ser el festival de la humedad.

Acojonante, será, es que lo noto.

La cosa central es que sólo encuentro ventajas a la conversión, al ascenso. Hasta ahora salía muy temprano a correr porque tengo horario de tendero; pero desde que me hecho runner, ya puedo correr a las dos del mediodía en plena canícula y por la playa, si quiero; el runner tiene una misión y esto todo el mundo lo entiende. Antes también corría por la montaña. Era un chico normal que corría por la montaña. Un chico que incluso paraba a recoger frutos silvestres, si los veía. Ahora que se me ha metido en el cuerno hacerme runner, y sobre todo ahora que he adquirido el Forerunner 310NX con altímetro, soy directamente un mountain runner, y los frutos silvestres los van a recoger los que tengan poco trabajo. Es más, intuyo que van a pasar cosas muy gordas, veo de forma clara y precisa como los rebecos del Cadí harán bolitas de caca sólo del gozo que les va a producir el hecho de verme disfrazado. Porque voy disfrazado, no jodamos, y las bestias hacen caca cuando se asustan.

Y más engalanado voy a ir, porque encuentro que me faltan cosas. A parte de faltarme toda la equipación de invierno, que ya os contaré porque tiene cachondeo el asunto del invierno, me hacen muchísima falta los calcetines compresivos para este verano. Esto sí que es definitivo. Me la trae al pairo que todavía no se les haya demostrado absolutamente ningún beneficio y que se te frían las piernas, todo esto me da igual: ¿tú sabes lo mono que voy a estar con los putos calcetines? Eres un pobre hombre sin los calcetines compresivos. El tema es que quiero los COMPRESSPORT, y tiene que ser el modelo aquel con letras bien grandes en vertical. Son tan de superatleta, te dan una fuerza mental tan bestia i estás tan arrebatador, que yo he llegado a ver mountain runners haciendo el amor con otros mountain runners en medio del bosque con los COMPRESSPORT puestos, los tíos; sí, dos hombres, ¡qué pasa! Y las cabritas —los rebecos— mirando, pobrecillas.

Hay que ser animal, allí en medio y con los calcetines puestos, por el amor de Dios.

En cambio, de calzado soy servido. Porque tengo las ASICS Gel Fuji Trabuco de por favor desde hace tres años. Tenéis que pensar que cuando yo era un tío normal que corría por la montaña ya molaba; de hecho yo molo mucho, así en general, y escribo de cine, pero de cine, escribo. Pero aparte de esto, que tela, lo que tengo que comprarme con urgencia es la mochila de mountain Runner. Y la mochila tiene que ser la Salomon, punto, el resto es tirar el dinero. La Salomon la ha diseñado personalmente Kilian Jornet, ojo: un tío que corre 48 horas seguidas sin dormir, y un tío que dice que habla con la montaña, respeto máximo ahí. Máximo respeto porque en mi pueblo más de uno habla solo, y Kilian por lo menos tiene un interlocutor. Bien, pues Kilian la ha diseñado y en la mochila cabe de todo: líquido, ropa, barritas energéticas, el móvil, las llaves, una manta plateada para abrigarte si te quedas tirado en medio del Pedraforca a las tres de la mañana —que ya me explicarás—, la Virgen Santa, cabe.

En definitiva: quiero correr y quiero molar y soy muy bueno, la rehostia, soy, y la conversión a runner me comportará una transformación total: aparte de follar lo que no está escrito —incluso con hombres, que ya hace días que la bailo esta—, podré ir engalanado con un vestuario cósmico, tendré horario libre para correr, no tendré que saludar a nadie y, con la motivación extra de todo esto, mejoraré de forma sustancial mi capacidad pulmonar, de inspiración, de manera que podré fumar con mucha más intensidad, que en resumen es buena parte de lo que busco con todo esta historia: dar unas caladas sensacionales, olímpicas, las daré.

Autor: @cesarlopama

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