Algo pasa a 150 kilómetros por hora. Los tubos de escape ahogan cualquier sonido. La vibración del motor va al ritmo del corazón. El campo de visión se centra en lo inmediato. Y de repente, ya no estás sobre la carretera, estás dentro, siendo parte de ella. Tráfico, paisaje, policía… solo son trozos de cartón que vuelan mientras pasas. A veces olvido esa sensación. Por eso me encantan estos viajes largos. Todos tus problemas, todo el ruido, se van. Nada por lo que preocuparse excepto lo que está en frente de ti. Quizás esa es mi lección de hoy... aferrarme a estos momentos, apreciarlos un poco más. No quedan muchos de esos. Encontrar cosas que te hagan feliz no debería ser tan difícil.  Sé que tendrás que afrontar dolor, sufrimiento, elecciones difíciles... pero no puedes dejar que ese peso estrangule la alegría de tu vida. Pase lo que pase, tienes que encontrar lo que te quiere y correr hacia ello. Hay un viejo dicho. Lo que no te mata, te hace más fuerte. No lo creo. Pienso que las cosas que tratan de matarte te vuelven enfadado y triste. La fuerza viene de las cosas buenas... tu familia, tus amigos, la satisfacción del trabajo duro. Esas son las cosas que guardarás dentro. Esas son las cosas a las que aferrarse cuando estés destrozado.

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